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martes, 16 de junio de 2015

CAMBIAS O QUE



Tal vez sea excesivo afirmar que estamos asistiendo al “fin de la historia”, pero no lo es reconocer que la post-modernidad ha puesto en crisis la visión del mundo y de la sociedad que nos dejaran el Racionalismo y la Ilustración.

El siglo XX trajo consigo cambios estructurales que alteraron desde los roles tradicionales de la mujer y el hombre hasta la concepción misma de la moral. En ese siglo sucedieron muchas cosas magníficas y muchas otras atroces que los seres humanos de siglos anteriores hubieran estimado absolutamente imposibles.

Nuestro universo social, familiar y personal se ha alterado a tal grado que los conceptos elaborados hace trescientos años o más, ya no nos sirven para explicarnos qué somos ni el mundo en que vivimos.


El derecho no es ajeno a esta crisis. Nociones que hace cincuenta años se consideraban de una solidez inmutable empiezan a desmoronarse.
Las ideas del estado-nación; de la justicia como un acto meramente retributivo; de la soberanía; de las garantías individuales como concesiones generosas o conquistas irrenunciables, e incluso la convicción de que es necesario un contrato social para que las cosas funcionen, adquieren día con día contornos más vagos e imprecisos. Los cimientos de instituciones hasta no hace mucho intocables, como sucede con el propio gobierno del Estado, empiezan a verse corroídos por la desconfianza y la duda.

¿Hay quien se atreva a poner su mano en el fuego por la policía, por los tribunales, por las procuradurías, por las cárceles?

No es de extrañar que se busque un punto de apoyo, algo de qué agarrarse, en medio de este pantano de arenas movedizas. Olvidando las cegueras en que descansan las respuestas fundamentalistas, lo único que puede darnos cierta tranquilidad y cierta confianza -al menos mientras no lo refutamos-, son las modestas recomendaciones de la ciencia que siquiera nos dicen, a veces, por dónde no hay qué seguir.


No se trata, ni con mucho, de algo tan sencillo como reemplazar los paradigmas del XVII y del XVIII por “nuevos” paradigmas. Sería inútil sustituir un esquema conceptual por otro. 

Lo que necesitamos es un método que se adecue a las transformaciones o si se prefiere que “aprenda” con ellas, filtrar el tsunami diario de informaciones que recibimos, al fin y al cabo estamos  en la era de la comunicación y hay que ir decantando  conceptos que necesitamos para entendernos, para lograr que los esfuerzos comunes beneficien al mayor número y evitar la guerra, el crimen, la crueldad.


K.Q.G
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5 comentarios:

  1. Creo que todos esos cambios y transformaciones son parte de nuestra evolución, siempre habrá cosas buenas y malas, la cuestión está en qué hace cada uno con ellas.

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  2. Buena entrada, también opino que la evolución forma parte de nosotros y como en todo habrá tantas cosas como buenas y malas, pero hay que evolucionar y transformarse

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  3. Desde luego que el mundo ha evolucionado y con la evolución lo que hemos perdido es ética. Eso es lo que está matando este mundo la falta de valores.

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  4. Hola! Interesante entrada, la evolución y los cambios están siempre, hay que saber llevarlos y no dejarnos llevar por las malas acciones.

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  5. Es así, evolucionar obviamente es parte del ser humano, el "problema" es que en los ultimos tiempos en algunos aspectos se ha involucionado..y por decanto sólo lleva al caos..ojala que las proximas generaciones puedan ir modificandolo.

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